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¿Cómo podemos crear un lugar de trabajo del que nos sintamos orgullosos?

Hay veces en las que, sin darme cuenta, me quedo mirando a parejas heterosexuales, tanto jóvenes como mayores, que disfrutan juntas besándose y riéndose como si no hubiera nadie más alrededor. La alegría y calidez que siento en estos momentos suele verse truncada por una cierta sensación de envidia: ¿alguna vez podré hacer lo mismo con total libertad? ¿Tendré alguna vez la posibilidad de mostrar en público el afecto que siento por la persona que amo?

Espero que sí, pero el reciente aumento de los ataques sufridos por la comunidad LGTBIQA ha confirmado que demostrar tu opción sexual en público puede ser una decisión mucho más peligrosa de lo que algunas personas creen. Y este riesgo es también patente en el lugar de trabajo.

En los últimos meses se han publicado numerosos artículos sobre cómo hacer que el lugar de trabajo sea más seguro para las minorías, especialmente para la comunidad LGTBIQA. Sin embargo, en el Reino Unido, aproximadamente el 35 por ciento de nosotros nos sentimos incómodos a la hora de mostrar quiénes somos y de hablar libremente de nuestra orientación sexual en el trabajo. Tenemos una presión enorme por ocultar esta parte de nuestra identidad y, lógicamente, no poder ser sinceros y abiertos con nuestros compañeros de trabajo puede tener una repercusión negativa en nuestra felicidad, tanto dentro como fuera de la oficina.

Para hacer frente a este reto, lo primero que tenemos que hacer es comprender por qué a los que nos identificamos como LGTBIQA nos resulta tan difícil ser sinceros en el lugar de trabajo. Hay mucha gente que no se da cuenta de que nuestra comunidad es el único grupo minoritario que tiene que enfrentarse a lo que se conoce como «revelación de identidad». Como la orientación sexual es un elemento invisible (pero inherente) de nuestra identidad, se espera que las personas LGTBIQA «salgan del armario» y revelen este hecho. Debemos calificarnos a nosotros mismos como LGTBIQA, algo que no solo nos resulta increíblemente estresante, sino que nos hace sentir que estamos colocándonos una diana en la espalda y que, de este modo, aumenta el riesgo de que seamos objeto de odio y discriminación. Por ello, muchas personas LGTBIQA optan por ocultar su identidad para evitar los prejuicios, lo que genera una pérdida de autoestima y estrés psicológico.

Afortunadamente, yo no siento esta tensión en mi puesto de trabajo: tengo la suerte de trabajar en un entorno muy inclusivo, en el que la diversidad se celebra en lugar de ser motivo de vergüenza y en el que la buena acogida que tiene la comunidad LGTBIQA no se limita a poner un logotipo con el arcoíris durante junio y julio. Hemos adoptado medidas tangibles para crear una cultura segura e inclusiva, medidas que deberían imitar otras organizaciones que promulgan el orgullo.

En primer lugar, las empresas deben asegurarse de que todos los empleados saben cómo comportarse con sensibilidad y adoptar una actitud inclusiva en el trabajo. Todos somos propensos a adoptar determinadas tendencias de manera inconsciente —incluso aquellos que se consideran aliados— y mi empresa ha formado a sus trabajadores en materias de sensibilidad para que las detecten y corrijan. Además, Index Exchange también ha incluido talleres de asertividad, diseñados para que todas las minorías tengan las capacidades y las herramientas necesarias para comportarse tal como son sin ningún tipo de duda.

Estas iniciativas, junto a otras pequeñas medidas (preguntar a los empleados qué pronombre quieren que usemos al dirigirnos a ellos, explicar a nuestros equipos el significado de los disturbios de Stonewall, etc.), me han permitido sentirme seguro y cómodo en el trabajo, y espero que todos mis compañeros LGTBIQA puedan sentirse igual un día en sus respectivos campos.

No obstante, más allá de los derechos formales y los talleres, tenemos que tener siempre presentes los privilegios informales de los que suelen carecer las minorías. Hace poco, la HRC (Human Rights Campaign) ha publicado un estudio en el que se confirma esta teoría. En 2019, el 81 por ciento de los trabajadores que no pertenecen a la comunidad LGTBIQA apuntaron que sus compañeros LGTBIQA no deberían tener que salir del armario. Lo raro es que el 70 por ciento de estos mismos encuestados afirmaron que hablar de la orientación sexual y compartir datos sobre la vida personal (citas, bodas, etc.) en el lugar de trabajo es una actitud poco profesional. Uno de cada cinco encuestados LGTBIQA también indicaron que sus compañeros de trabajo mencionaron de manera explícita o implícita que tendrían que vestirse de una forma más femenina o masculina en el trabajo.

Todos, sin excepción, debemos poder hablar con nuestros compañeros sobre nuestras parejas, sobre nuestras citas y sobre nuestras rupturas. Todos debemos poder llevar a nuestra pareja a las horas de puertas abiertas de la oficina sin sentirnos juzgados ni que otras personas consideren que compartimos demasiada información sobre nosotros o que somos anormales. Todos queremos comportarnos tal y como somos en el trabajo, y todos debemos sentirnos apoyados para hacerlo.

Esto se traduce en una cuestión mucho más filosófica y con más alcance: ¿quién es nuestro auténtico yo? Y, como minoría, ¿hasta qué punto podemos comportarnos como nuestro auténtico yo en el lugar de trabajo?

La verdad, no sé la respuesta, pero sí creo que deberíamos poder ser nuestro auténtico yo en el trabajo día tras día. La comunidad LGTBIQA está presente en todos los ámbitos de la vida. Mejoramos nuestros equipos, divisiones y empresas, y tenemos que sentirnos igual de cómodos en el trabajo que nuestros compañeros que no son LGTBIQA.

Como líderes, aliados y personas LGTBIQA, tenemos la responsabilidad compartida de luchar y abogar por la inclusión, de educar a nuestros compañeros y de celebrar quiénes somos. Al final, solo las organizaciones que tomen medidas tangibles para ello podrán progresar.

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